El encuentro transcurrió con normalidad durante los primeros 45 minutos. Un clásico partido de preparación que en cuestión de espectáculo, la realidad es que tiene muy poco que ofrecerle a los aficionados, pero tras el silbatazo del juez central, que dio inicio al complemento, todo cambió para siempre.

Como si se tratara de esa chica que con su solo andar, nos hacer perder la mirada, omitir todo lo que está pasando en ese momento y por ende, quererse boquiabierto resulta una reacción habitual, al futbol ese día, le pasó algo tremendamente similar.

Los ojos de esos casi diez mil aficionados dejaron de concentrarse en el pasto y fijaron su vista en el cielo. Los murmullos se replicaron rápidamente generando incredulidad entre los asistentes, hasta que tanto futbolistas, entrenadores, árbitro y todos los presentes comenzaron a señalar al cielo preguntándose: ¿Qué es eso?

Se dice que una o quizá dos decenas de objetos voladores de forma mayormente redonda, rondaron el Estadio Comunale por varios minutos. El evento fue impresionante y nunca antes visto, por lo que de manera natural, una mezcla de sensaciones que iban desde el asombro hasta el miedo se apoderaron de los presentes.

El árbitro del cotejo tuvo que detener el encuentro por algunos minutos, y entonces sí, como la chica de nuestros sueños, el protagonismo fue total. De manera estrepitosa, los objetos en cuestión desaparecieron del lugar, marcando de por vida a los presentes que en definitiva, no daban crédito a lo que había ocurrido.

Posteriormente, y como la confirmación de un hecho tremendamente extraño, una capa de filamentos de color blanco, sumamente delgados, se posó sobre la cancha y las gradas del estadio.

Y para sustento de ese hecho insólito y sin precedentes en el mundo del futbol, en la cédula arbitral de ese duelo quedó asentado lo vivido y se redactó que el partido se había tenido que detener por la presencia de algo desconocido en el cielo…